WEBVTT
00:00:08.109 --> 00:00:11.970
Emilia Luna tiene escasos tres minutos para viajar
00:00:11.970 --> 00:00:15.429
al pasado y rescatar a Ricardo, el amor de su
00:00:15.429 --> 00:00:21.829
vida quien se encuentra atrapado en el tiempo.
00:00:26.710 --> 00:00:30.370
Cuando el reloj comenzó a funcionar, Emilia Luna
00:00:30.370 --> 00:00:35.119
hizo lo que cualquier persona sensata. Ignorarlo.
00:00:36.799 --> 00:00:39.880
Durante dos días completos fingió que nada había
00:00:39.880 --> 00:00:43.420
cambiado. Pintó con más concentración de lo habitual,
00:00:43.740 --> 00:00:47.719
como si el color pudiera tapar preguntas. Tomó
00:00:47.719 --> 00:00:50.600
café con la misma puntualidad de siempre. A las
00:00:50.600 --> 00:00:53.979
cuatro de la tarde se comió su champurrada, como
00:00:53.979 --> 00:00:57.759
si el tiempo no acabara de darle un codazo. Pero
00:00:57.759 --> 00:01:01.179
el reloj no estaba dispuesto a pasar desapercibido.
00:01:01.520 --> 00:01:06.780
No marcaba horas, no marcaba minutos, marcaba
00:01:06.780 --> 00:01:11.459
cercanía. Emilia descubrió que el tic tac aparecía
00:01:11.459 --> 00:01:14.939
solo cuando caminaba hacia el arco de Santa Catalina.
00:01:15.280 --> 00:01:18.920
Al principio fue una sospecha, luego una certeza.
00:01:19.780 --> 00:01:22.980
Entre más se aproximaba, más firme era el sonido,
00:01:23.180 --> 00:01:25.840
como si el reloj antiguo y maleducado tuviera
00:01:25.840 --> 00:01:31.120
un lugar favorito en el mundo. Emilia hizo pruebas.
00:01:31.260 --> 00:01:35.340
Caminó de ida y vuelta varias veces, se detuvo,
00:01:35.819 --> 00:01:38.579
avanzó de nuevo. No le preocupaba mucho que la
00:01:38.579 --> 00:01:41.480
gente pensara que estaba un poco deschavetada
00:01:41.480 --> 00:01:45.819
paseando su reloj por el empedrado. El reloj
00:01:45.819 --> 00:01:50.439
respondió siempre igual. Le fascinaba el arco.
00:01:51.060 --> 00:01:54.420
Pero Emilia no se conformó con comprobarlo solo
00:01:54.420 --> 00:01:58.319
una vez. Volvió al día siguiente y al siguiente.
00:01:58.859 --> 00:02:02.400
Se detuvo frente al arco durante largos minutos,
00:02:02.819 --> 00:02:05.579
fingiendo revisar mensajes inexistentes en un
00:02:05.579 --> 00:02:09.419
celular que casi nunca usaba. Contó pasos desde
00:02:09.419 --> 00:02:12.879
la esquina hasta el centro exacto bajo el arco.
00:02:13.219 --> 00:02:16.939
Probó colocarse a la sombra luego al sol. El
00:02:16.939 --> 00:02:20.599
reloj reaccionaba con precisión casi matemática,
00:02:21.060 --> 00:02:24.419
como si obedeciera reglas que ella todavía no
00:02:24.419 --> 00:02:29.710
conocía. Emilia no creía en coincidencias, tampoco
00:02:29.710 --> 00:02:39.610
en milagros, así que decidió investigar. La tienda
00:02:39.610 --> 00:02:43.090
de antigüedades de Ricardo Álvarez estaba llena
00:02:43.090 --> 00:02:46.750
de objetos que habían sobrevivido varias vidas.
00:02:47.069 --> 00:02:50.849
Habían relojes que ya no marcaban nada. Espejos
00:02:50.849 --> 00:02:54.389
tan viejos que reflejaban con un leve retraso,
00:02:54.530 --> 00:02:57.990
y muebles que crujían como si recordaran conversaciones
00:02:57.990 --> 00:03:02.789
ancestrales. El lugar olía a madera vieja, metal
00:03:02.789 --> 00:03:07.650
pulido y polvo noble. Pero había algo más. Una
00:03:07.650 --> 00:03:11.409
sensación de orden dentro del caos. Nada estaba
00:03:11.409 --> 00:03:15.870
realmente fuera de lugar. Ricardo sabía exactamente
00:03:15.870 --> 00:03:19.810
dónde estaba cada pieza. Sabía qué objeto había
00:03:19.810 --> 00:03:23.930
pertenecido a qué familia, sabía qué CIA había
00:03:23.930 --> 00:03:27.530
sobrevivido a un incendio y qué reloj había sido
00:03:27.530 --> 00:03:33.449
testigo de una traición. Ricardo estaba afinando
00:03:33.449 --> 00:03:36.849
una guitarra de los sesentas, de un almacén del
00:03:36.849 --> 00:03:40.909
centro de la capital que ya no existía. Tenía
00:03:40.909 --> 00:03:43.770
la postura relajada de quien se siente cómodo
00:03:43.770 --> 00:03:47.750
con su propio tiempo. complexión atlética, movimientos
00:03:47.750 --> 00:03:52.030
seguros, una barba cuidada sin demasiado esfuerzo.
00:03:52.189 --> 00:03:55.069
Vestía como alguien que no seguía modas, sino
00:03:55.069 --> 00:03:58.990
hábitos. Sus manos eran firmes, pero delicadas
00:03:58.990 --> 00:04:03.009
cuando tocaban las cuerdas. La guitarra era antigua
00:04:03.009 --> 00:04:06.750
y algo llena de polvo. No por descuido, sino
00:04:06.750 --> 00:04:10.569
por elección. Ricardo hacía sonar las cuerdas
00:04:10.569 --> 00:04:14.069
como si las conociera desde siempre. No tocaba
00:04:14.069 --> 00:04:25.889
para impresionar, tocaba para recordar. Cuando
00:04:25.889 --> 00:04:29.769
Emilia entró, él levantó la vista, la observó
00:04:29.769 --> 00:04:33.089
levantar el reloj y por primera vez en muchos
00:04:33.089 --> 00:04:37.579
años tuvo que fingir sorpresa. Bonita pieza dijo,
00:04:38.040 --> 00:04:40.819
aunque no suele ser buena idea que un reloj llame
00:04:40.819 --> 00:04:45.860
más la atención que su dueña. Emilia sonrió apenas.
00:04:46.899 --> 00:04:50.360
Ricardo notó algo en su expresión. No era miedo,
00:04:51.079 --> 00:04:55.339
era curiosidad. Ricardo conocía a ese reloj.
00:04:55.519 --> 00:04:59.199
Lo había visto antes, mucho antes. Y no solo
00:04:59.199 --> 00:05:04.230
lo había visto, lo había sostenido. Emilia le
00:05:04.230 --> 00:05:07.610
explicó el problema, el tic tac, el arco, el
00:05:07.610 --> 00:05:12.170
silencio. Ricardo escuchó sin interrumpir, apoyado
00:05:12.170 --> 00:05:15.470
contra el mostrador. Asintió en los momentos
00:05:15.470 --> 00:05:19.670
correctos. Hizo las preguntas justas, como quien
00:05:19.670 --> 00:05:23.050
oye una historia que ya conoce, pero que disfruta
00:05:23.050 --> 00:05:27.910
al volver a escucharla. Hay objetos, dijo finalmente,
00:05:28.430 --> 00:05:31.310
que funcionan sólo bajo ciertas condiciones.
00:05:31.949 --> 00:05:36.790
No explicó cuáles. No todavía. Ricardo tomó el
00:05:36.790 --> 00:05:40.230
reloj entre sus manos. Lo sostuvo con respeto.
00:05:40.709 --> 00:05:44.470
Mucho respeto. Sus dedos recurrieron el borde
00:05:44.470 --> 00:05:47.970
metálico como si confirmara una cicatriz invisible.
00:05:48.910 --> 00:05:52.589
A veces, añadió, el problema no es el mecanismo,
00:05:53.149 --> 00:05:57.610
sino el lugar. Emilia frunció el seño. El lugar.
00:05:58.389 --> 00:06:01.449
Ricardo sostuvo su mirada un par de segundos.
00:06:02.309 --> 00:06:06.149
Algunas piezas, dijo con calma, necesitan estar
00:06:06.149 --> 00:06:13.689
donde pertenecen. Esa tarde, al salir del anticuario,
00:06:13.910 --> 00:06:17.870
ocurrió. Emilia caminaba distraída, observando
00:06:17.870 --> 00:06:20.709
sombras sobre los muros, cuando el reloj vibró
00:06:20.709 --> 00:06:24.850
con fuerza. No fue un temblor, fue un aviso.
00:06:25.310 --> 00:06:30.149
Y el mundo parpadeó. No desapareció, no cambió
00:06:30.149 --> 00:06:35.319
del todo. solo se desajustó. Las fachadas parecían
00:06:35.319 --> 00:06:39.740
nuevas, la luz más limpia, el aire más liviano.
00:06:40.220 --> 00:06:44.019
Luego todo volvió. Emilia se detuvo en seco,
00:06:44.360 --> 00:06:48.300
el reloj estaba caliente y el tiempo acababa
00:06:48.300 --> 00:06:54.879
de romperse un poco. No gritó, no corrió, respiró
00:06:54.879 --> 00:06:58.920
hondo y comprendió que estaba cruzando un límite
00:06:58.920 --> 00:07:08.850
invisible. Esa misma noche, Emilia regresó al
00:07:08.850 --> 00:07:12.610
anticuario. Ricardo ya la estaba esperando y
00:07:12.610 --> 00:07:16.170
no parecía sorprendido, como si supiera exactamente
00:07:16.170 --> 00:07:20.629
cuánto había durado el desajuste. Eso que sentiste,
00:07:20.790 --> 00:07:25.550
dijo, se llama ruptura temporal. Emilia no sonrió.
00:07:26.329 --> 00:07:30.720
Y si no tenés cuidado, puede empeorar. Ricardo
00:07:30.720 --> 00:07:33.660
habló entonces de grietas, de errores pequeños
00:07:33.660 --> 00:07:36.699
que se acumulan, de personas que cruzan límites
00:07:36.699 --> 00:07:40.300
sin saberlo. Habló de objetos que no toleran
00:07:40.300 --> 00:07:43.560
la indiferencia. Habló del tiempo como si fuera
00:07:43.560 --> 00:07:48.199
un territorio. No lo dijo todo. Nunca lo hacía.
00:07:48.980 --> 00:07:53.579
No del peligro ni del misterio. Lo que era desconcertante
00:07:53.579 --> 00:07:56.620
para Emilia era la forma tranquila en que Ricardo
00:07:56.620 --> 00:08:00.050
decía cosas imposibles. como si fueran verdades
00:08:00.050 --> 00:08:03.509
cotidianas y la manera en la que sostenía el
00:08:03.509 --> 00:08:09.730
caos. Desde una relojería cercana, Silvestre
00:08:09.730 --> 00:08:14.930
Verdugo levantó la cabeza. Había escuchado ese
00:08:14.930 --> 00:08:18.529
sonido antes. Lo había escuchado cuando era joven.
00:08:18.829 --> 00:08:21.569
Lo había escuchado cuando otros nombres estaban
00:08:21.569 --> 00:08:25.829
en juego. Y como siempre, supo exactamente a
00:08:25.829 --> 00:08:31.300
quién debía avisar. Porque el tiempo puede romperse
00:08:31.300 --> 00:08:35.980
en silencio, pero nunca pasa desapercibido para
00:08:35.980 --> 00:08:37.779
quienes lo vigilan.
00:00:08.109 --> 00:00:11.970
Emilia Luna tiene escasos tres minutos para viajar
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al pasado y rescatar a Ricardo, el amor de su
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vida quien se encuentra atrapado en el tiempo.
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Cuando el reloj comenzó a funcionar, Emilia Luna
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hizo lo que cualquier persona sensata. Ignorarlo.
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Durante dos días completos fingió que nada había
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cambiado. Pintó con más concentración de lo habitual,
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como si el color pudiera tapar preguntas. Tomó
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café con la misma puntualidad de siempre. A las
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cuatro de la tarde se comió su champurrada, como
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si el tiempo no acabara de darle un codazo. Pero
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el reloj no estaba dispuesto a pasar desapercibido.
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No marcaba horas, no marcaba minutos, marcaba
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cercanía. Emilia descubrió que el tic tac aparecía
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solo cuando caminaba hacia el arco de Santa Catalina.
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Al principio fue una sospecha, luego una certeza.
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como si el reloj antiguo y maleducado tuviera
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un lugar favorito en el mundo. Emilia hizo pruebas.
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Caminó de ida y vuelta varias veces, se detuvo,
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avanzó de nuevo. No le preocupaba mucho que la
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gente pensara que estaba un poco deschavetada
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paseando su reloj por el empedrado. El reloj
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respondió siempre igual. Le fascinaba el arco.
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Pero Emilia no se conformó con comprobarlo solo
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una vez. Volvió al día siguiente y al siguiente.
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Se detuvo frente al arco durante largos minutos,
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fingiendo revisar mensajes inexistentes en un
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celular que casi nunca usaba. Contó pasos desde
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la esquina hasta el centro exacto bajo el arco.
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Probó colocarse a la sombra luego al sol. El
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reloj reaccionaba con precisión casi matemática,
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como si obedeciera reglas que ella todavía no
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conocía. Emilia no creía en coincidencias, tampoco
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en milagros, así que decidió investigar. La tienda
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Habían relojes que ya no marcaban nada. Espejos
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tan viejos que reflejaban con un leve retraso,
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y muebles que crujían como si recordaran conversaciones
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ancestrales. El lugar olía a madera vieja, metal
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pulido y polvo noble. Pero había algo más. Una
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sensación de orden dentro del caos. Nada estaba
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realmente fuera de lugar. Ricardo sabía exactamente
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dónde estaba cada pieza. Sabía qué objeto había
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pertenecido a qué familia, sabía qué CIA había
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sobrevivido a un incendio y qué reloj había sido
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testigo de una traición. Ricardo estaba afinando
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una guitarra de los sesentas, de un almacén del
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centro de la capital que ya no existía. Tenía
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la postura relajada de quien se siente cómodo
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con su propio tiempo. complexión atlética, movimientos
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seguros, una barba cuidada sin demasiado esfuerzo.
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Vestía como alguien que no seguía modas, sino
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hábitos. Sus manos eran firmes, pero delicadas
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cuando tocaban las cuerdas. La guitarra era antigua
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y algo llena de polvo. No por descuido, sino
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como si las conociera desde siempre. No tocaba
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Emilia entró, él levantó la vista, la observó
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años tuvo que fingir sorpresa. Bonita pieza dijo,
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aunque no suele ser buena idea que un reloj llame
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más la atención que su dueña. Emilia sonrió apenas.
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Ricardo notó algo en su expresión. No era miedo,
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era curiosidad. Ricardo conocía a ese reloj.
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reloj entre sus manos. Lo sostuvo con respeto.
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Mucho respeto. Sus dedos recurrieron el borde
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metálico como si confirmara una cicatriz invisible.
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A veces, añadió, el problema no es el mecanismo,
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sino el lugar. Emilia frunció el seño. El lugar.
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Ricardo sostuvo su mirada un par de segundos.
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Algunas piezas, dijo con calma, necesitan estar
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donde pertenecen. Esa tarde, al salir del anticuario,
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ocurrió. Emilia caminaba distraída, observando
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sombras sobre los muros, cuando el reloj vibró
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con fuerza. No fue un temblor, fue un aviso.
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Y el mundo parpadeó. No desapareció, no cambió
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del todo. solo se desajustó. Las fachadas parecían
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nuevas, la luz más limpia, el aire más liviano.
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Luego todo volvió. Emilia se detuvo en seco,
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el reloj estaba caliente y el tiempo acababa
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de romperse un poco. No gritó, no corrió, respiró
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hondo y comprendió que estaba cruzando un límite
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invisible. Esa misma noche, Emilia regresó al
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anticuario. Ricardo ya la estaba esperando y
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no parecía sorprendido, como si supiera exactamente
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cuánto había durado el desajuste. Eso que sentiste,
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dijo, se llama ruptura temporal. Emilia no sonrió.
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Y si no tenés cuidado, puede empeorar. Ricardo
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habló entonces de grietas, de errores pequeños
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que se acumulan, de personas que cruzan límites
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sin saberlo. Habló de objetos que no toleran
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la indiferencia. Habló del tiempo como si fuera
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un territorio. No lo dijo todo. Nunca lo hacía.
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No del peligro ni del misterio. Lo que era desconcertante
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para Emilia era la forma tranquila en que Ricardo
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decía cosas imposibles. como si fueran verdades
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cotidianas y la manera en la que sostenía el
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caos. Desde una relojería cercana, Silvestre
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Verdugo levantó la cabeza. Había escuchado ese
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sonido antes. Lo había escuchado cuando era joven.
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Lo había escuchado cuando otros nombres estaban
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en juego. Y como siempre, supo exactamente a
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quién debía avisar. Porque el tiempo puede romperse
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en silencio, pero nunca pasa desapercibido para
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quienes lo vigilan.